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Comienza el retorno a casa Una vez realizado el programa de regatas propuesto inicialmente, llegó el momento de plantearnos el regreso a nuestra base en Barcelona, 13.500 millas nos separan de este destino y con la satisfacción de haber cumplido los objetivos previstos, la tripulación del Charisma se apresta a disfrutar del océano sin otra motivación que el simple placer de navegar.
La primera travesía de 5.500 millas nos llevaría de Cairns en la Gran Barrera Australiana hasta Isla Mauricio muy cerca de Madagascar pasando por el mítico Estrecho de Torres con sus espectaculares corrientes que puntualmente pueden alcanzar más de cinco nudos y con una parada técnica prevista en Darwin, único puerto de la zona donde se nos permite realizar la salida oficial de territorio australiano y que tiene suficiente calado para nuestra embarcación, gracias a un sistema de compuertas que permiten aislar la marina, de mareas con alturas que llegan a superar los 8 metros.
La tripulación que me acompaña en esta primera travesía del retorno está compuesta por Noluco Doreste, Tato Souvirón, Alberto Mir y Dimas Wood., tripulación que aúna experiencia, buen hacer y simpatía, elementos imprescindibles para un recorrido que nos llevaría 31 días.
Los primeros días fueron agotadores, ya que a la atención que tuve que prestar permanentemente a la carta de navegación por los constantes cambios de rumbo obligados por lo estrecho y sinuoso del canal navegable en los arrecifes de la Gran Barrera, se sumó una molesta y persistente fiebre que no me abandonó hasta llegar a Darwin a pesar del tratamiento de choque con antibióticos y antitérmicos dispensado por el Doctor Doreste.
Tampoco nos daba buenas vibraciones la escolta permanente de unas muy venenosas serpientes marinas que flotaban a ambos costados de la embarcación, tomando el sol y disfrutando de un agua con una temperatura superior a los 30 grados centígrados.
Desgraciadamente nuestra escala en Darwin no estuvo a la altura de las magnificas experiencias que hemos vivido en tierras australianas tanto por la hospitalidad como por la comprensión y amabilidad de sus gentes. Un mal encarado Capitán de Puerto solo nos permitió permanecer en el muelle de la gasolinera, refunfuñando, el tiempo indispensable para realizar los trámites aduaneros con la consecuencia de tocar fondo y quedar inmovilizados con la marea baja, lo que afortunadamente se saldó sin daños para la embarcación.
Una vez largadas amarras, se sucedieron unas espectaculares singladuras que nos permitieron navegar con el Spinaker siempre izado y a una media superior a los 8.5 nudos, a pesar de la presencia de un ciclón en nuestra proa que antes de disiparse hizo que amainase significativamente el régimen de viento de los alisios.
Pero el destino aún nos reservaba el peor momento de la travesía.
En medio del Océano Indico nos llegó la noticia del fallecimiento de uno de los tripulantes más emblemáticos y queridos del Charisma, el entrañable, pundonoroso y mejor persona, “Pitus” Jiménez Meifren, víctima de una larga y cruel enfermedad, noticia que cayó como un mazazo sobre nuestro ánimo y que hizo mucho más patente nuestra puntual insignificancia entre la inmensidad del océano. Querido “Pitus” tu eterna sonrisa y tu bonhomía estará siempre presente en nuestras singladuras.Transcurridos 31 días desde nuestra partida de Cairns, atravesamos la bocana de Caudan Marina en Port Louis capital de Isla Mauricio sin ningún incidente digno de reseña y después de una interminable cabalgada en popa sobre las olas que ninguno de nosotros podíamos imaginar.
Solo me queda felicitar a la tripulación por haber hecho posible tan increíble travesía, con el deseo de encontrarnos en breves fechas rumbo a Ciudad del Cabo.
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